MAÑANA SERÁ OTRO DÍA
En Halloween el miedo suele durar una noche, pero en Ecuador lo sentimos todos los días.

El verdadero terror está en la angustia de quien sale a trabajar sin saber si volverá, en el comerciante amenazado por la extorsión y en el paciente que llega a un hospital donde faltan medicamentos e insumos.
Por eso, la imagen del presidente Daniel Noboa disfrazado de la Muerte, durante una celebración familiar, adquiere una resonancia inevitable. Nadie debería cuestionar su derecho a compartir una fiesta con sus hijos. Pero los símbolos pesan, especialmente cuando un país convive con la violencia y la incertidumbre. Para miles de ecuatorianos, la muerte no es un personaje que desaparece al quitarse la máscara.
La respuesta a esta realidad no puede reducirse a anuncios, fotografías o disputas políticas. Se mide en vidas protegidas, hospitales abastecidos y ciudadanos que recuperan la tranquilidad. Esa responsabilidad exige resultados verificables y una sociedad dispuesta a exigirlos sin resignarse al miedo.
Y, pese a todo, Ecuador no es únicamente sus tragedias. También es la solidaridad de sus barrios, el trabajo de quienes sostienen sus hogares y la dignidad de quienes se niegan a abandonar la esperanza. Esas fuerzas merecen instituciones capaces de estar a su altura.
Halloween termina cuando amanece. Los problemas del país no. Pero tampoco es eterna la oscuridad: mañana será otro día. Que no sea solo una frase para consolarnos, sino el compromiso de construir un Ecuador donde despertar no vuelva a dar miedo.



