Quito, Ecuador
martes, 3 de noviembre de 2026 19:46
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¿QUÉ SE PUEDE ESPERAR DE SERGIO PEÑA?

¿Qué se puede esperar de un asambleísta que, ante la falta de argumentos, recurre al insulto, la vulgaridad y los señalamientos de índole sexual? El ataque de Sergio Peña a la periodista Alondra Santiago empezó en redes sociales pero dejó al descubierto una realidad que nos debería preocupar a todos: el vergonzoso deterioro de la representación política en Ecuador.

Peña llegó a la Asamblea con los votos de la Revolución Ciudadana, pero terminó alineándose con el oficialismo de ADN. Ese cambio de posición política es legítimo, sin duda, pero hacerlo sin una explicación convincente para quienes confiaron en su candidatura, plantea serias dudas sobre la coherencia y la lealtad al electorado.

Pero lo verdaderamente indignante es su comportamiento. Un legislador que responde a las críticas con alusiones sexuales y expresiones degradantes no demuestra inteligencia, autoridad, ni firmeza. Exhibe una alarmante pobreza argumentativa. 

Cuando las ideas se agotan, aparece el insulto. Y cuando la razón no alcanza, la grosería pretende ocupar su lugar.

Aquí no vamos a defender ciegamente las expresiones de Alondra Santiago. También las y los periodistas debemos responder por nuestras palabras. Esto se trata de comprender que quien ejerce una función pública tiene una responsabilidad mayor: debatir con argumentos, no convertir su investidura en un instrumento de degradación a quien lo cuestione.

La Asamblea debería ser un espacio para confrontar ideas, no un escenario donde la vulgaridad se confunda con valentía. Ecuador enfrenta problemas demasiado graves para tener representantes dedicados a protagonizar espectáculos de semejante bajeza.

La cobardía de Sergio Peña se revela cuando sustituye los argumentos por insultos contra las mujeres. Su vulgaridad no demuestra carácter ni valentía, mucho menos personalidad o inteligencia, más bien revela una actitud profundamente misógina y la impotencia política de quien no sabe defender sus ideas.

Lo vergonzoso es que semejante pobreza intelectual tenga un puesto en la Asamblea Nacional.

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